escrito por MóNICA HERNáNDEZ

Pasas la noche con tu pareja y a mitad de la madrugada, te trata de despertar para tener esa intimidad que tanto suelen disfrutar, pero de tu boca sale una frase que ninguno espera: no tengo ganas. Es algo nuevo en la relación y ambos quedan en un silencio incómodo porque durante su relación nunca se había presentado esa situación.

Es normal que más tarde surjan un montón de dudas por ambas partes de la relación, ¿Será que ya no le atraigo? ¿Hay algo malo conmigo? ¿Por qué no tengo ganas cuando antes quería tener intimidad en todo momento? ¿Será que ya no me gusta? Estas y más preguntas pueden atravesar tu mente y la de tu pareja y pueden comenzar a generar ansiedad y estrés en la relación. 

Pero es importante que no entres en pánico; muchas veces la reducción del interés se relaciona más con ese estrés silencioso con el que te encuentras lidiando que con el amor que sientes por tu pareja. Los sentimientos de culpa pueden aparecer, pero te puedo asegurar que ese anhelo por tu pareja se puede recuperar poco a poco sin presionar ni dañar la relación con tu compañero de vida.

Continúa con la lectura del artículo para saber cómo comenzar a recuperar tu interés íntimo y cambiar ese “no tengo ganas de estar en pareja” por “necesito pasar más tiempo de cercanía con mi pareja”.

Lo que nadie te dice del interés cuando estás estresadx

El interés íntimo no es algo que se puede encender y apagar con un interruptor. Existen varios factores que influyen en por qué  no tengo ganas de tener intimidad con mi pareja, como, por ejemplo, puede variar de acuerdo a la energía que se tenga en el momento, a la calidad del sueño, lo que deriva en el descanso, además de cómo te sientes anímicamente.

Cuando sufres estrés, la energía íntima baja y, por ende, las ganas de tener intimidad. Muchas veces normalizamos el vivir estresadas, en alerta constante, y es cuando aparece lo que podemos denominar como estrés silencioso. 

Ya no entras en crisis, pero te encuentras en modo alerta 24/7, incluso hasta se normaliza el sentir tensión en el cuerpo todo el tiempo (hombros tensos, nudos de estrés), tu mente se encuentra activada en modo multitasking la mayor parte del tiempo y todo eso hace casi imposible que consigas un momento de relajación y por ende, los niveles de cortisol, la hormona del estrés, se eleven y eso perjudica tu interés intimo. Es una de las cosas que influyen en esa pregunta que tanto te haces de por qué no tengo ganas. 

Es importante que si notas que esto se prolonga por mucho tiempo y comienza a existir dolor emocional, tristeza extrema o incluso ansiedad fuerte por ese “no tengo ganas”, vale la pena que se considere la búsqueda de apoyo profesional con especialistas de la salud mental.

El estrés también se vive así en América Latina

Según un estudio de la OCDE “¿Cómo va la vida en América Latina”, del año 2021, un 76% de la población padece el síndrome de burnout.

Entre el exceso de trabajo, el estrés por los bajos salarios y el aumento de la canasta básica, la carga de dividir el tiempo entre las tareas del hogar y el trabajo remunerado, las personas apenas tienen tiempo para descansar de verdad.

Muchas veces, ese anhelado descanso se emplea en quehaceres pendientes de la casa. Con todo esto que te menciono, me imagino que esa pregunta de por qué no tengo ganas comienza a tomar un poco más de sentido.

Las 9 señales de estrés silencioso que apagan tus ganas

Hombre en escritorio con laptop, ojos cerrados y mano en el rostro por estrés, ilustrando “no tengo ganas” y agotamiento que apaga el deseo.
“No tengo ganas” no siempre es desinterés, a veces es estrés silencioso y cansancio mental acumulado.

Señal 1: Tu mente no se apaga ni cuando “descansas”

Es tu momento de relajación después de un largo día lleno de actividades; quisieras ponerte a leer un rato para despejar la mente, pero la verdad es que no tienes cabeza para concentrarte en una lectura, pues tu mente ya está pensando en los pendientes que tienes para el día siguiente.

Te tomas un momento para distraerte con el celular, pero la realidad es que scrolleas de forma automática sin prestar atención a lo que ves en la pantalla, pues te sientes culpable de tomarte ese breve break aunque lo tengas bien merecido.

Acción: Trata de conectar contigo misma y aléjate de las pantallas por 5 minutos. Realiza ejercicios de respiración consciente para conseguir una auténtica conexión contigo misma. Inhala y exhala; puedes acompañar este ritual con incienso para concentrarte más. Verás cómo podrás relajarte para tener un descanso reparador.

Señal 2: Cansancio que no se arregla con dormir

¿Te ha pasado que, por más temprano que te acuestes a dormir, despiertas igual o hasta más cansada? Te duele el cuerpo como si te hubiera arrollado un tren, duermes pero no descansas realmente y despiertas agotada; te cuesta dar inicio a tu día aunque tomes cuatro shots de espresso y sientes que hasta respirar pesa. 

Por desgracia, es algo más común de lo que debería, pues la Encuesta Global del Sueño 2025, reveló que el 38% de las mujeres presenta dificultad para dormir, lo cual es una cifra alarmante.

Acción: Procura “desconectarte” del celular y de todas las pantallas al menos 1 hora antes de tu hora de dormir para evitar que influya en tu ciclo de sueño y alejarte de estímulos que te puedan ayudar a conciliar el sueño. Antes de alejarte de las pantallas, puedes hacer, con ayuda de una aplicación, un ritual de yoga de relajación para destensar los músculos y poco a poco relajarte.

Además, una ducha con agua templada te ayudará a destensar los músculos y a poder dormir de forma más placentera tras un largo día de trabajo. 

Señal 3: Irritabilidad y sensibilidad, “todo me molesta”

Otra respuesta a la incógnita de por qué no tengo ganas es que te encuentras tan saturada que la paciencia es algo que últimamente te falta; cosas pequeñas que antes pasabas por alto e incluso te causaban gracia ahora te molestan. 

Tal vez hasta tu pareja comienza a pensar que el problema es él y que ya no lo amas, cuando la realidad es que te encuentras sobrecargada y el estrés es algo con lo que lidias y que poco tiene que ver con el amor y aprecio que le tienes. 

Acción: Si sientes que algo te sobrepasa y que estás a punto de explotar, trata de recordar cómo es que te gusta que te traten a ti. Se vale pedir un poco de espacio para procesar tus emociones y con ello puedes evitar herir a tu pareja o a otras personas. Una pausa en el momento oportuno puede ahorrarte un conflicto innecesario. 

Señal 4: Carga mental, estás en modo “yo me encargo”

Te cuesta delegar tareas de la relación. Necesitas manejar todo o sientes que todo irá mal; ya no eres solo una parte de la relación, sino que también eres ama de casa, psicóloga que debe manejar las emociones incómodas de la relación y, además, te encargas de la logística y los recordatorios de eventos sociales y fechas importantes.

Vamos, chica, eres increíble, pero incluso tú necesitas ayuda, pues la relación se debe sostener entre las dos personas. 

Acción: Aprende a delegar. Tu pareja merece saber que no eres la mujer maravilla y eso no te hace menos especial. Sostener una conversación que puede ser incómoda al principio para repartir la carga que conlleva una relación puede ayudar bastante a bajar la presión y a que poco a poco se recupere el interés.

Señal 5: Tensión corporal que ya normalizaste

Tu cuerpo ya muestra señales evidentes de estrés, pero son muestras de tu cuerpo que ya has normalizado y a las que les restas importancia. El bruxismo, la mandíbula apretada, tener el cuello rígido, los hombros tensos, que se te cierre la boca del estómago y que se te corte la respiración son señales de alerta que te manda tu cuerpo. 

Nada de lo que mencioné anteriormente es normal y si presentas alguno de estos síntomas, es momento de tomar cartas en el asunto.

Acción: Aunque no lo creas, un poco de actividad física puede ayudar con esto. Salir a dar una caminata, hacer ejercicios de estiramiento cada cierto tiempo y relajar la mandíbula son pequeñas acciones que pueden marcar una gran diferencia en la forma en que tu cuerpo responde a los estímulos y dejarás de decir "no tengo ganas". 

Señal 6: Desconexión emocional, aunque haya cariño

El decir "no tengo ganas" tiene muchas implicaciones y no necesariamente quiere decir que ya no te sientas atraída hacia tu pareja, pero son tantas las cosas que abruman tu cabeza que no puedes estar en el aquí y ahora. Te abruma el contacto con tu pareja porque todo el tiempo estás en modo alerta y el sentir un poco de relajación puede sentirse extraño y llega a asustar, pues llevas tiempo en modo supervivencia, viviendo o, mejor dicho, sobreviviendo. 

Acción: Es importante que tengas paciencia contigo misma y que tengas claro que la reconexión puede llevar tiempo, así que no debes exigirte que de un día para otro vuelvas a sentir esa conexión con tu pareja, pues ese vínculo no se enciende y se apaga con un interruptor. 

Planifiquen tiempo de calidad alejados de los celulares, donde solo estén concentrados en el otro, para que puedan concentrarse en el presente y disfrutar de la presencia del otro.

Actividades sencillas como preguntar de forma consciente sobre el día del otro mientras comparten la cena o un día en el parque pueden hacer una gran diferencia. 

Señal 7: Sueño desordenado o descanso superficial

Aunque no lo creas, tener una mala calidad de sueño puede afectar tu interés íntimo y, por ende, la respuesta automática de "no tengo ganas". El insomnio, despertar varias veces durante la noche y un sueño liviano son señales de que no estás descansando lo suficiente, por lo que al día siguiente te levantas drenada de energía.

De hecho, una investigación publicada en el Journal of Sexual Medicine (2015) encontró que en mujeres, dormir más horas se asociaba con un mayor interés íntimo al día siguiente. Las participantes que dormían mejor reportaban mayor interés y mejor respuesta íntima, lo que refuerza la conexión directa entre descanso y tus ganas hacia la intimidad.

Acción: Procura evitar demasiados estímulos durante la noche; aléjate de las pantallas. Intenta leer un poco para relajar la mente e inducir el sueño de forma natural. 

Señal 8: Te cuesta disfrutar cosas simples

Las cosas que antes te despertaban interés ya no se sienten igual. Haces las cosas por inercia, porque sientes el compromiso de hacerlas y pretendes que nada sucede, pero nada te entusiasma realmente como antes y te preguntas si alguna vez volverás a disfrutar de esas cosas que antes amabas hacer. 

Acción: Programa citas contigo misma. No tienes que hacer grandes planes, microplaceres diarios que no sientas como obligación. Ver esa película que llevas meses postergando por la carga de trabajo, salir al parque, comer un helado. Pequeños gozos pueden marcar una gran diferencia. 

Señal 9: La culpa te apaga más y te genera más estrés

Ya no puedes más con la culpa de tantas veces que últimamente dices que no tienes ganas. Sientes que tu pareja se puede cansar y que probablemente deberías tener ganas de tener interés en la intimidad y comienzas a cuestionarte de forma constante si algo está mal contigo. La respuesta es no, solo estás lidiando con muchas cosas a la vez y eso hace que tu cercanía disminuya, pero hay solución.

Acción: La comunicación es la clave en toda relación sana. Habla de forma sincera con tu pareja y expresa cómo te sientes y dale la oportunidad de que él diga también qué le hace sentir lo que le comunicas. Pueden llegar a acuerdos y, si lo consideran necesario, planear acudir con un psicólogo de pareja o terapeuta sexual para que los pueda orientar en esta situación.

La presión apaga más esa conexión emocional, pero hablarlo con tu pareja y tratar de encontrar juntos alternativas siempre hará que la carga que sientes sea más ligera.

Qué hacer para recuperarlo sin forzarte

El interés íntimo no surge bajo presión. Cuando te sientes obligada a sentir placer, tu sistema nervioso se tensa ante la exigencia y el placer escapa de la escena. Por el contrario, cuando existe un buen descanso, conexión emocional genuina con tu pareja y te sientes segura, tu cuerpo poco a poco comienza a abrirse de nuevo a los gozos en la habitación.

Como explica la terapeuta Emily Nagoski, autora de Come As You Are, el estrés funciona como un freno: mientras esté activado, es muy difícil que el cuerpo se abra a la cercanía, por más que exista el cariño.

Si estás en pareja

Pareja en un momento emocional, una persona llora y la otra la consuela, escena que acompaña el tema “no tengo ganas” en pareja y cómo hablarlo sin culpa.
Si estás en pareja y dices “no tengo ganas”, el apoyo emocional y la conversación pueden cambiarlo todo.

Acuerden tiempo de calidad sin expectativas de tener relaciones. Salgan a dar paseos por el parque, conecten con la naturaleza y disfruten del aire libre respirando de forma consciente.

Puedes aprovechar ese tiempo para tener conversaciones honestas con respecto a sus sentimientos y emociones para reconectar. Realicen acuerdos concretos para bajar tu carga mental repartiendo las tareas y planeando días de descanso total y real. 

Prueba a cambiar el pensamiento de "tengo que tener ganas" por "exploraré con mi pareja qué se siente bien hoy"; puede ser desde un beso o solo caricias gentiles. Recuerda que el anhelo no es espontáneo y aparece después de empezar a conectar, no antes. 

Recuerda tratarte con compasión y amor en todo momento, pues la amabilidad con uno mismo abre espacio a la confianza.

Si estás solterx

Enfócate en el autocuidado sin pretender la perfección absoluta. Cuida tus hábitos de sueño, tus límites en tus relaciones interpersonales, realiza cambios en tu rutina; por ejemplo, puedes tratar de incluir un horario para meditar y así poder gozar de una pausa mental. 

Cuando dices "no tengo ganas", no implica que haya algo mal en ti; no es un defecto, es tu cuerpo brindándote información de que tal vez necesitas cambiar tu ritmo de vida y hacer una pequeña pausa.

Autochequeo honesto: ¿Cómo está tu nivel de estrés hoy?

Autochequeo de Estrés

Bienestar · Autocuidado

Autochequeo honesto:
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de estrés hoy?

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¿Cómo usarlo? Lee cada síntoma, marca los que reconoces en ti. Suma el total al final.

Duermo, pero no descanso
Me irrito con facilidad
Mi mente no se apaga
Tensión en mandíbula o cuello
Me cuesta disfrutar cosas simples
Siento culpa por no tener ganas
Me siento desconectada/o de mí
Mi "tiempo libre" se siente como obligación
Vivo con prisa o en modo pendientes
Me cuesta estar presente
Me cuesta conectar emocionalmente
Me siento saturada/o la mayor parte del día

0–3
Estrés bajo Tus ganas fluctuantes son normales. Mantén tus hábitos de descanso y conexión.
4–7
Estrés sostenido Conviene ajustar tu rutina: prioriza el descanso y reduce la carga cuando puedas.
8–12
Estrés alto Tu cuerpo pide recuperación. Considera buscar apoyo profesional si te preocupa.

Lo que cambia cuando te tratas con calma

Tienes que tener claro que no hay nada roto en ti. La motivación en la cama no desaparece porque no seas suficiente, sino porque tu cuerpo responde a lo que vives.

El cansancio, las preocupaciones diarias y el burnout hacen que el sistema nervioso se frene y se ponga en modo de supervivencia, y cuando tu cuerpo se encuentra en modo de alerta, el interés por esa conexión íntima pasa a un segundo plano.

Debes mentalizarte con que el interés se recupera paso a paso, sin exigencias, sino con acciones de autocuidado: descanso adecuado, reconexión con tu pareja, trabajar en tu seguridad emocional y sobre todo, tener mucha paciencia.

Tratarte con calma no significa que te estás rindiendo; es crear un espacio donde tu cuerpo pueda volver a sentirse disponible.

¿Por qué “no tengo ganas” si amo a mi pareja?

Decir “no tengo ganas” no siempre tiene que ver con falta de amor o atracción. Muchas veces es tu cuerpo diciendo: estoy en modo de supervivencia. El estrés silencioso, el cansancio mental, la carga emocional, la falta de sueño o el exceso de responsabilidades pueden apagar las ganas aunque exista cariño. La clave es mirar el contexto: cómo estás durmiendo, cómo está tu ánimo, qué tan saturada te sientes, y qué tanto espacio real tienes para relajarte.

¿Cómo sé si mi falta de ganas es por estrés y no por un problema de la relación?

Suele ser estrés cuando notas señales como irritabilidad, mente acelerada, insomnio, tensión en el cuerpo, apatía, baja energía, dificultad para concentrarte o sensación constante de “no me da la vida”. Si fuera principalmente un tema de relación, normalmente aparece junto con resentimiento, desconexión emocional, discusiones repetidas, o falta de seguridad afectiva. Aun así, pueden mezclarse; por eso ayuda observar patrones: ¿solo te pasa en semanas pesadas o es constante?

¿Qué puedo hacer hoy mismo para recuperar un poquito de ganas sin forzarme?

Empieza por bajar la presión: el interés vuelve mejor cuando hay calma, no cuando hay obligación. Tres pasos simples:
Microdescanso real: 10 a 20 minutos sin pantalla, respiración lenta, estiramientos o ducha tibia.
Conexión sin meta: contacto físico sin expectativa, como abrazos largos, caricias, o hablar cerca, sin “tener que” llegar a algo.
Límite claro: reduce una carga pequeña hoy (una tarea, un pendiente, una conversación drenante). Menos estrés, más espacio para sentir.

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Mónica Hernández es periodista y comunicóloga, y escribe sobre relaciones y vínculos con un tono cercano y cotidiano. Fuera de la pantalla es mamá de dos michis, sale a correr, se pierde en maratones de series y películas, lee y siempre anda detrás de música nueva.

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